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La Jicara - El portal del cuento

Una visita a primera hora de la madrugada

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entrar es fácil... salir es difícil...

 

 

La oscuridad de aquella noche era cada vez más densa, más triste, más reveladora. Me quedé despierto hasta la tercera hora de la madrugada mientras leía una serie de textos fragmentarios, especie de fractales encantados, que eran en sí, como viñetas de mi vida. Como saliendo de una oficiosa visión fantasmagórica, ahí estaba él...  
Sus manos empezaron a escribir, temblando como las de un mutante huyendo de sus desarmonías infernales, (un bravo guerrero ex heroinómano) ex ateo. Por la ventana entreabierta entraron ráfagas de brisa que, dulcemente, como sus manos, acariciaron mi faz en llamas y mis cabellos humeantes que ahora al sentirme parte de la escena, caen como lágrimas negras, mis ojos están apagados, sembrados de sombras mortuorias y pompas fúnebres… hay ahí en los ángulos del tiempo, más de un alma infectándome de velorios… 

 

Él continuo escribiendo, sacando a la luz aquello que ponía tinieblas en su mente. Su visión crepuscular se hizo presente y prosiguió...
 
Anoche, a primera hora de la madrugada me visitaron unos seres con aspecto de ángeles, Uriel, Itzel y Mixchel todos irradiaban una luz que hacia que la noche fuera sumisa a evocaciones… mi alma violenta de hombre estaba avergonzada. Mas salió al frente mi alma de aprendis de vampiro y penetró sus corazones de ángeles itinerantes


En el aire flotaba esta pregunta… ¿con cuál de tus almas es qué te sueñas inmortal?

 

Itzel vestido de luto riguroso me volvió a ver con una mirada inefable de metal al rojo vivo… Mixchel usa ropas color violeta, parece angustiado y nada parece calmar su ansiedad y el tormento que le abrasa las entrañas. Uriel viste de gris y es de mirar sereno. Este último me observa de soslayo, luego se acerca a la ventana sin decir palabra… Llega un momento en que sus ojos miran hacia el firmamento, entrecierra los ojos, y tras unos breves instantes en mutis, al tiro las palabras comienzan a fluir de sus labios:
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Nunca se sabe cual es la peor de las pesadillas

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Entrar es fácil... salir es difícil...

 

De nuevo con un sobresalto tal como le sucedida noche tras noche, desde hacía ya más de un año, Claudio se despertó súbitamente presa de angustiosos y recurrentes recuerdos, que le asaltaban durante el sueño, la verdad ya se había acostumbrado a ello, pese a que cada día estás tormentosas rememoraciones le pesaban más y más. No obstante lo reiterativo, esta vez, todo parecía diferente. No sintió ese sudor frío que le empapaba el cuerpo cuando despertaba y se incorporaba de medio cuerpo en su cama, como si un aguijón se clavara en su pecho y un resorte impulsara su cintura.
 
Esta vez como otras veces, sintió el aguijón que le despertó, aunado a un fuerte ruido metálico que le hizo abrir los ojos, pero el resorte no saltó y no había sudor frío. Solamente hacía frío y su cama le pareció extremamente dura y helada. Eso le produjo un desconcierto que lo desorientó totalmente. Además no vio la luz de la lámpara que solía dejar toda la noche encendida en una mesilla en la esquina derecha de su habitación, sino que esta vez la luz provenía de arriba y era de un resplandor enceguecedor que prácticamente lo encandilaba.Claudio en medio de su confusión estaba intentando con todas sus fuerzas incorporarse en esa pétrea y fría cama en la que se había despertado, pero no conseguía mover ni un músculo. Tenía los ojos abiertos, pero no veía más que aquella luz cegadora del potente foco, que tenía encima de él y tampoco fue capaz de cerrarlos.
 
De repente, oyó por encima de él una voz grave que decía: Soy el doctor Moisés Nicodemo Arístides. Forense titular del instituto de medicina legal. Autopsia de Claudio Belisario Ortegaray. 29 años. 176 cm de altura. 70 kg de peso. causa presuntiva de la muerte; paro cardio-respiratorio a causa de una sobredosis voluntaria, aún por determinar, de heroína endovenosa y fenobarbital sódico vía oral, a descartar la posibilidad de estar presente alguna otra sustancia tóxica concomitante.
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