LaJicara - El rincon poetico IntroArt

FACES DE AMOR PERPETUO

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Cuando sintás

que las palabras saben a besos

y a cantos los abrazos,

y escuchés el brillo de la luna

en las ventanas,

y notés que hay olor en las canciones.

que la pasión es fruta comible

y no hay acomodo si no está a tu lado.


Cuando sus ojos sean dos soles en la noche

y el silencio te suene a campanita de cristal.

Y podás decirle mil cosas en una sonrisa

y ella pueda escucharlas.


Cuando sus manos griten caricias

y a las tuyas les crezcan alas

y vuelen hasta sus más deliciosos espacios.

Cuando se reviente uno de los hilos que hay dentro de tu pecho.

y tras las explosión quedés dormido a su lado

arropado de nubes en un cielo.


¡No despertés, no busqués la cordura!

Sólo disfrutá y apropiate del tiempo

de las horas, sus minutos y segundos.

Dejá que fluya la vida a borbotones,

que el amor es inconsciencia

y no hace daño mientras continúe siendo amor.


Y cantale las canciones que le dedicaste en la radio,

y las que inventaste y que nadie conoce

disfrutá sus flores, sus mariposas, y sus pájaros

su miedo a los ratones y gatos

su alergia, sus dolores mensuales

y su pereza del domingo.


Y si te separás de ella tan sólo un instante,

buscala en los vacíos y silencios

y conversá con los detalles de su ausencia

gritá su nombre desde el mirador

al que la llevaste un día,

y quedate quieto

frente al paisaje verdeazulado inmenso.


Disfrutá cada detalle suyo en tu memoria,

en tus manos, tu boca, tus ojos, tu olfato.

Sentí de nuevo su lasciva tibiedad bajo la sábana,

de aquel día que llovió toda la tarde.


Recordá que te sentiste universo,

las miles de veces que viajaste a su lado,

con su mano sobre tu mano.


Construíle un sitio al brillo de la mirada

de aquella vez que coqueta

jugó a no sonreírte por la mañana,

para después ser fiesta toda la tarde.


Recuperá la más pequeña huella suya en cada uno de los años.

No olvidés su pelo, ni el viento embellecedor,

ni el sonido propio de sus pasos, ni su voz,

ni los intentos de poemas,

y mucho menos los poemas

aunque creás que jamás le interesaron.


Rememorá de ella los sonrojos,

la deliciosa-incesante y explosiva risa

sus desconsuelos e impaciencia,

su dificultad para olvidar o disculparse,

sus callados momentos,

su paciencia cuando más la necesitaste,

la línea de sonrisa que incendia su rostro,

su entrecejo fruncido, sus enojos,

su indiferencia, ronquidos y bostezos.


Parecen tan insignificantes esos detalles

pero la vida no tiene sentido sin el recuerdo.


Juan Ramón Falcón

Masaya 13 de septiembre de 2017

 

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